El contagio de covid-19 se atribuye a una intervención de salvataje sin contar con los elementos adecuados de protección personal.

No se trata de un asunto nuevo para los operadores de la salud en general que la labor no siempre se desarrolla en las mejores condiciones, se sabe que están expuestos, que hay un riesgo latente de contraer enfermedades, pero cuando enfrente se tiene a un virus de una agresividad importante y también se juega una carrera contra el tiempo, la muerte de alguien, que tenía como principal tarea la de salvar vidas, además del natural dolor conlleva una interpelación.

Es imposible determinar dónde y cómo se contagió de coronavirus Miguel Duré, pero la hipótesis más firme que sostienen quienes conocen de cerca la actualidad del hospital Perrando, y algunas organizaciones de trabajadores lo sostenían hasta este viernes, es que fue durante tareas de salvataje a una joven que había estado en la Unidad Covid y que fue trasladada a la terapia convencional porque el primer hisopado practicado le dio negativo, aunque muestras posteriores confirmaron que padecía la enfermedad.

Señalan que para ese entonces, fines de mayo, lo que se conoce como Equipo de Protección Personal (EPP) con toda la rigurosidad del término solo se proveía a quienes actuaban con enfermos de Covid-19, que en principio no era el caso de Duré, el que debió ingeniársela con los elementos que tenía a mano. Con el tiempo, la entrega de estos elementos se amplió a gran parte de las áreas del Perrando hasta alcanzar prácticamente su universalización, pero la sensación es de que una vez más las respuestas llegaron tarde, en este caso con el contagio consumado.

Con el paso de los días, y cuando esta coyuntura que viene extendiéndose por meses producto de la pandemia sea historia, habrá que ver si lo acontecido sirvió para que aquello que siempre se describe como prioridad pueda materializarse en los hechos.

“Subestimaron la situación desde el inicio”

Consumada la muerte de Miguel Duré, residentes del hospital Perrando emitieron un comunicado en el que señalan que el contagio del jefe de Terapia Intensiva se debió a una cadena de errores.

En una carta que se reproduce a continuación, hicieron una cruda evaluación del manejo de la pandemia.

‘Subestimaron la situación desde el primer día. Hicieron alarde de la remodelación arquitectónica de dos salas de internación, las cuales actualmente no tienen camas y no tienen los insumos necesarios para la protección del personal de salud”.

“Quisieron silenciar a quienes mostraron la realidad del hospital en la pandemia, y en lugar de ser denunciantes de la misma, junto con ellos, optaron por hacer ‘oídos sordos‘ a dichos reclamos, y eligieron la ruta más fácil”.

“Nos trataron de irrespetuosos y poco solidarios en la única reunión que tuvimos. Incluso expresaron ‘estar cansados de nosotros‘”.

“Se pasearon por los medios de comunicación diciendo que la situación ‘estaba controlada‘, cuando se inauguró una estructura que debía ser de apoyo a la unidad destinada para pacientes infectados, y que hasta el día de la fecha no se encuentra en funcionamiento, sabiendo que la sala de internación destinada a casos positivos colapsa”.

“Nos hicieron quedar mal como provincia, como ciudad, al emitir frases que denigran a nuestra vecina Corrientes, en lugar de entablar una comunicación para generar mejores vínculos y aprendizajes ante tal situación, como es una pandemia”. “Fallaron. El sistema de salud falló. Este es el resultado. Personal de salud infectado. Un médico que ya no está‘.

“Somos hijos del rigor. Hasta que no nos pasa, no aprendemos. Pues bien, pasó. Y seguirá pasando”, cierra el texto.

Fuente: Diario Norte