«En la Argentina son las mujeres las que cada vez dominan más. Y también es un mensaje a los radicales…construyan alguna figura». Dijo Jorge Asís, escritor y periodista en un diálogo con Luis Novaresio en el programa de Televisión «Dicho Esto». Asís estaba haciendo referencia a que, para él, la política argentina hoy gira en torno a los movimientos de cinco mujeres: Cristina Fernández de Kirchner, Vilma Ibarra, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich y Elisa Carrió. De ahí la crítica del periodista al radicalismo.

Sin ánimos de polemizar con Asís, quiero decir que la Unión Cívica Radical ya está empoderando a cientos de mujeres. Pero en el radicalismo a veces los recorridos son más largos, sin embargo, los rumbos son más seguros.

La tradición política del partido es la generación de cuadros a través de la militancia. Se asciende a través de cargos partidarios, lo que legitima, posteriormente la presentación a cargos de representación. Así lo hizo, por ejemplo, Alfonsín, pero también tantos otros líderes del partido.

Esto ocurre en el radicalismo de la Ciudad y en todos lados. Aunque hasta hace poco todo esto se hizo sin una perspectiva de género. Pero eso cambió. En diciembre de 2017, la santiagueña Luciana Rached fue elegida por la organización política juvenil del partido como su presidenta. En 2019, fue elegida María Belén Pérez, joven radical de Misiones, quien tuvo el mismo privilegio que Luciana: representar a los y las jóvenes radicales del país, estando aun en el cargo. En la Ciudad de Buenos Aires, hace algunas semanas, Mariela Coletta se convirtió en la primera presidenta del Comité Capital, que además, tiene composición paritaria.

Así como ocurrió con ellas, también ocurre con decenas de mujeres radicales en todo el país. Ya no están para «servir empanadas», como dijo en su momento Elisa Carrió. Las mujeres están cada vez más fuertes, se consolidan más y los varones somos conscientes de ello y las acompañamos.

La paridad de género en las listas es un acto de justicia pero también un reto. Los partidos políticos no podrán pensar en la formación política sin una perspectiva de género, que no significa otra cosa que empoderar a varones y mujeres.

Además, la exigencia viene de las bases: las mujeres y jóvenes militantes no miran la política como espectadoras, quieren ver a otras mujeres tomando decisiones. Por eso creo que el cambio ya ocurrió. Las mujeres radicales son una realidad, son talentosas, representan lo mejor de nuestra tradición por la búsqueda de la libertad y la igualdad y están presentes para hacer una gran renovación política.

El camino de la militancia partidaria hará el refuerzo necesario para que sean grandes dirigentes. Confío plenamente en esto y lo puedo ver desde los ámbitos más pequeños de la militancia barrial, hasta las decisiones orgánicas del partido en la Ciudad de Buenos Aires. Esta evolución es imparable.