Dirigido a toda familia que no tenga de dónde sacar fuerzas para seguir adelante y salir o sacar del consumo de estupefacientes a un ser querido.

Sin darnos cuenta del daño que causabamos, muchas veces elegimos mirar para otro lado pero sin dejar de ver el problema. Creíamos cada uno desde su lugar que hacíamos bien o estábamos dentro del camino echándole la culpa al consumidor y levantando las manos sin hacer más.

Con el tiempo, particularmente, inicié más de una charla con él, tratando de hacerlo entrar en razón, mostrándole lo bendecidos que éramos, porque más allá que más de una vez nos faltó la salud, todavía estábamos vivos para seguir luchando y salir adelante. Me enfermé, y nos enfermamos todos los del círculo familiar. Y si! También tuve ganas de bajar los brazos, de decir NO PUEDO MÁS! Lloré en silencio, también grité, llegué a hacer cosas y a tolerar situaciones que quizá nunca hubiera imaginado.
Pues sí, y seguí.

Golpeé más de una puerta dentro de los organismos públicos para pedir ayuda, ya que los costos para cubrir gastos de un tratamiento de éstos no son nada Bajos, terminamos en un centro de contención ambulatorio privado, y cuando digo privado es totalmente privado, donde tampoco la obra social se hacía cargo ni te reponía al menos un porcentaje del gasto, porque no lo toman como enfermedad. Y eso, ayuda a que el adicto tampoco lo tome como tal.

A lo largo de los años escuché más de una vez que él manejaba la situación, que él decidía cuándo dejar, que se arrepentía y se sentía tan mal por haberlo hecho, y a la semana caía nuevamente.

Me llevó un tiempo entender que estaba enfermo, que sin apoyo era mucho más difícil, que su cabeza le jugaba una mala pasada, porque ya manejaba la situación. Si, estuvo medicado un tiempo y así pasó casi 2 años sin consumo.
Hasta que volvió a caer. Y es algo que quizá no muchas personas lo entiendan, ni yo lo entendía. Volví a pedir ayuda, a su familia sin ver resultados. Y cada vez caía más. Hasta que mi vida estaba en riesgo, y la de mis hijos. Entonces tomé la decisión de separarnos y las cosas fueron mal.

Gracias a Dios, después de tanto rezar, porque había muchas personas rezando por esa «situación». Tomó la decisión de internarse, pues llegó el momento en que se dió cuenta que necesitaba ayuda, verdadera ayuda.

Hablando de este tema, y llegado este punto, sí las obras sociales se hacen cargo o tienen cobertura en lo que respecta a internaciones para recuperación de adictos, (si, recién en este punto).
Pero conseguimos algo mucho mejor que una «clínica» donde lo que los salva es el verdadero amor, donde cada día que pasa no es un día menos ahí adentro sino que un día más. Un día más para salvarse, un día más para aprender de sus errores, un día más para conocerse, un día más para vivir! Y ese lugar es «EL REFUGIO».

El refugio San José es la casa de contención para jóvenes y adultos con problemas de adicción.
Dónde detrás de de esa nombre: «Refugio San José», hay un montón de personas de buen corazón dispuestas a ayudar en la recuperación de esas personas.

Dónde cada día donan su trabajo, su tiempo y su sacrificio muchos de ellos, y de ésta manera también salvan más de una vida!!

Queremos dar gracias a Dios por darnos la posibilidad de estar allí, de poder acompañar a nuestro familiar desde muy adentro. De poder hacer éste proceso juntos, cómo familia.

Queremos recomendar el lugar ya sea para interno o para hacerlo ambulatorio, y queremos decir que el primer paso es hablar, no quedarse callado. Pidan ayuda, y no se cansen de hablar con Dios, y ponerlo todo en sus manos!!

Atentamente, familares de un adicto en recuperación!
20/6. Escobar, María Laura
34.794.359
Soy de Resistencia