Como bien explicaran, en sus respectivas notas, los domingos anteriores: el 2 de agosto el Doctor Hernán Grbavac ( Reforma Judicial ) y el 9 de agosto el Doctor Edgardo Reguera ( Reforma Judicial (Segunda Parte) ); desde todos los puntos de vistas, la Reforma Judicial que pretende lograr el Poder Ejecutivo Nacional, nació huérfana, sin consensos, fuera de toda realidad, sobre todo teniendo en cuenta esta pandemia.

No hay, verdaderamente, ningún motivo para hacer dicha reforma ahora. Entendemos que si el sector mayoritario del poder que se requiere reformar está en contra, desde la oposición hemos marcado clara y contundentemente nuestro rechazo a la misma.

Lo que se quiere obtener es impunidad, la misma puede ser de dos maneras: una, que puedan conseguir lograr que las causas en las que están implicados varios integrantes del ejecutivo (sobre todo la vicepresidenta), que ya han sido elevadas a juicio oral y otras que, más allá de las vergonzosas demoras, van por el mismo camino, queden sin efecto (bastante complicado, pero no por ello imposible, sobre todo con los actores intervinientes).

Otra, que puedan retrasar, a través de estos artilugios pretendidos con dicha Reforma, dilatar, dilatar y seguir dilatando, y que el paso de los años hagan cualquier cosa, menos justicia, como sucedió con el ex presidente Menem en la causa por la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, en la provincia de Córdoba, hecho que ocurrió el 3 de noviembre del año 1995 y por el que, todavía, no fue condenado. Solo por mencionar un caso de impunidad.

La resistencia pacífica que se está dando en torno a este tema, marca claramente, como la sociedad entiende el valor de la independencia de poderes, algo consagrado en nuestra Constitución Nacional y fuente fundamental en el sostenimiento de la República y de la Democracia.