Hasta no hace mucho tiempo, hablar de violencia de género era un tabú cuasi determinado a tratarlo en el ámbito íntimo familiar y donde “el resto” no debía intervenir. Esto reforzaba aún más la situación de subordinación de la mujer, legitimando al hombre a seguir en una posición superior, posición en la que que históricamente ha estado  debido a la falta de igualdad de trato y derechos, provocando que las mujeres víctimas de violencia no denunciaran estas situaciones, ya sea por miedo, culpa o vergüenza.Repasemos, se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal.La desigualdad entre hombres y mujeres y la violencia de género es un escenario que existe más allá de  clases sociales, religiones, etnias, fronteras.En nuestro país rige  la ley 26485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, sin embargo hemos visto como, si bien es una herramienta fundamental dentro de la sociedad, ya que ha dejado de ser un “problema familiar” y “los de afuera son de palo”, convirtiéndose en una cuestión de todos y cada uno de nosostros, en los últimos años ha ido en aumento la cantidad de víctimas mujeres en manos de la violencia machista, y más aún desde que rige el aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado por el Gobierno Nacional como consecuencia de la pandemia del Covid- 19.

En Argentina, ha habido al menos 21 femicidios, poniendo de manifiesto que los hogares donde viven esas mujeres  son los lugares mas inseguros para ellas y que se necesitan repensar nuevas políticas públicas y medidas que dejen de apuntar a la víctima sino a su agresor.Basandonos en  un informe publicado por la ONG La Casa del Encuentro sobre la cantidad de femicidios cometidos desde el 20 de marzo último, cuando comenzó a regir el aislamiento obligatorio, una de cada cinco mujeres había radicado una denuncia previa por violencia de género. Lo que nos demuestra que aun estando legislado, existiendo normas y medidas al respecto, no alcanza, el problema sigue, crece y no está siendo tratado y considerado como debería.Nos cabe aqui resaltar que hace falta un mayor esfuerzo por parte del Estado  para tratar la pandemia dentro de la pandemia. Y que de la misma manera en que las fuerzas de seguridad y el gobierno  se esfeurza en sancionar a aquellos que rompen las medidas de aislamiento, las mujeres esperamos y exigimos medidas que nos protejan.Hasta que el tema no sea tratado con seriedad, con políticas públicas precisas, con esquemas que lo sostengan en cada uno de los poderes del Estado, no podemos esperar resultados diferentes. Sepamos que esto no cambia con la creación de un Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, se requiere más trabajo, más esfuerzo y más compromiso. Todo lo señalado implica un abordaje integral y profundo de la temática no solo en cada área de gobierno, sino en cada poder del Estado, pero fundamentalmente en las leyes que se sancionen, que no basta con que indiquen la leyenda «perspectiva de género» sino que sean creadas con intervención de mujeres, y escuchando a las víctimas que pueden detectar las falencias que han padecido del sistema actual. Solo de esta forma podremos entender y, en consecuencia, atenuar este terrible flagelo.