“A los profes en nuestro día: Que nuestro mérito valga la pena”

Hoy, 17 de septiembre es el día que recordamos a un gran intelectual argentino: José Manuel Estrada, y en su homenaje celebramos el día del profesor. Palabra muy linda resulta el celebramos, pero lamentablemente no es el clima que la docencia argentina y, menos aún, la chaqueña puede sentir en esta fecha.
En nuestra provincia, el ciclo lectivo 2020 comenzó sin paros vendiéndose como uno de los primeros éxitos de la gestión educativa de Jorge Capitanich, el segundo gran éxito, recordemos que el primero fue el famoso congreso pedagógico, lanzado en diciembre del año pasado.
Resulta que antes los legítimos reclamos salariales del sector docente, la gran solución que encontró el gobierno y los gremios, fue una cláusula gatillo que tomaría en cuenta la inflación trimestral para ir pautando los aumentos salariales de manera automática.Gran parte de la docencia, no estuvo de acuerdo con la cláusula gatillo por tratarse de un mecanismo para ser menos pobres pero no constituye una recomposición salarial real considerando la pérdida de, al menos, los últimos 3 años que de estar entre los primeros lugares de sueldos docentes del país, pasamos a estar últimos. Entiéndase que en sí, somos uno de los países con peores sueldos docentes de Latinoamérica, más aún hoy con el disparo del dólar.
En este panorama, lo que parecían reglas claras para el sector educativo, se constituyó en un sin fin de cuartos intermedios y sin concretar el famoso acuerdo, se llegó al paro virtual. Claro, por ser virtual no tenía gran relevancia. Al poco tiempo, este gobierno que nunca se responsabiliza de las protestas, la gran estrategia que buscó fue generar jornadas institucionales con puntos para desbaratar la lucha, ya que la docencia empezó a movilizarse en pequeñas caravanas que buscaban hacer visible el descontento.
Todo este conflicto de más de un mes de paro y caravanas, desemboca en una propuesta en el día del maestro, como si fuera digna de celebrar, de un burloso 7,8 % que en líneas generales es un poco más de $1000 y el solapado chantaje de conectividad de una plataforma que muchos docentes no usan por la obvia resistencia de nuestros alumnos. Una cachetada al bolsillo ya castigado, agregando un argumento nefasto: no nos aumentan para que no caigamos en la usura de entes prestamistas, cosa que ocurre porque el sueldo no alcanza no por incapacidad de un docente de discernir que los préstamos y otras ayudas financiera se acercan a la usura.
En este panorama, los profesores hoy celebramos nuestro día, con la insatisfacción de nuestro salario, pagando nuestro internet e instrumento para conectarnos, bancando la educación, luchando contra los mensajes desmotivadores del ministerio con enunciados como “nadie va a repetir” que los llena a nuestros jóvenes alumnos de sensación de facilismo e inutilidad de las tareas que nos desgastamos haciendo. Y para completar la tristeza, tenemos un presidente, que contrario al mensaje que intentamos transmitir en la escuela, sale a decir que el mérito no sirve para nada.
Me disculpan pero aquí sí voy a hacer autorreferencial para explicar que quien escribe tuvo que dejar la tan mentada Universidad Pública y Gratuita porque los horarios de dictado de clases no se ajustaban a mi necesidad de trabajar y ser madre cuando mi realidad cambió y debía hacerme cargo de otro ser. Entonces “caí” en la Educación Terciaria, sí como a muchos docentes les pasó, era la formación más accesible, la que teníamos al alcance (pero no por ello fácil, aclaro) y terminé optando por la docencia.
Pero podrán decir que esto es un ejemplo de que el mérito como tal no existe cuando no están dadas la igualdad de oportunidades, lo que es sumamente cierto. Aunque si no hubiese sido por mi mérito detener un promedio superior a 8 en el Nivel Secundario no hubiese accedido a una beca nacional llamada Elegir la docencia que me permitió realizar mis estudios con un poquito de tranquilidad financiera, aún así no dejé de trabajar puesto que tenía una hija que mantener, y tampoco quiero desmerecer mi mérito al estudiar y aprobar cada una de las materias de mi formación inicial. Con mucho esfuerzo volví a la universidad e hice la Licenciatura en Letras, otro pequeño mérito y esfuerzo personal (no bien reconocido en términos de puntaje pero muy fructífero en cuanto a actualización de saberes).
Entonces he aquí, desde mi opinión, la cuestión: el estado debe generar igualdad de oportunidades pero no puede nunca dejar de motivar e incentivar el mérito, porque es de allí donde surge el verdadero progreso, el germen del crecimiento de una sociedad. Para tener los mejores médicos necesitamos que el mérito de ese esfuerzo sea reconocido y recompensado financieramente, si queremos los mejores científicos necesitamos apoyar económicamente para que se sigan formando y perfeccionando, si queremos una industria moderna necesitamos más y mejores ingenieros; y así, en todas las esferas es el mérito el que moviliza a una sociedad a su crecimiento partiendo o generar bases igualitarias para él para lo mismo. Todo esto es incompatible con una Educación mediocre, con tantos discursos de inclusión y poco trabajo en su calidad, con ajustes al sistema para nivelar hacia abajo y con docentes con sueldos por debajo de la canasta básica. En el día del profesor, sería bueno ir aprendiendo está lección.