El 2020 fue un año de cambios de rutinas y hábitos, una pandemia provocó que se tomaran medidas preventivas para evitar el contagio y propagación del virus.

En nuestra Provincia el 15 de marzo se decretaba el aislamiento social, preventivo y obligatorio, suspendiendo todas las actividades que no se consideraban esenciales. Frente a esto, la presencialidad en las aulas era imposible, llevando a los profesionales de la Educación a asegurar la continuidad pedagógica de sus alumnos (algunos con 12 horas de anticipación) a través de la modalidad virtual, siendo el único medio de contactos con familias y alumnos.

Esta nueva realidad educativa, profundizó las inequidades y vulneró a las familias que no poseían acceso a internet, donde un dispositivo era utilizado por más de un niño; y a aquellas que contaban con los recursos se vieron involucrados en la tarea de volver a rever sus conocimientos para tratar de resolver las dudas que les surgían a sus hijos en el momento, al no poder contar con el feedback con el docente; quedando casi en el olvido el discurso de calidad educativa promulgado con fuerzas en la apertura del Congreso Pedagógico Provincial del 2020.

Sin embargo, el acceso a los contenidos sólo fue uno de los problemas de la virtualidad; ya que esta modalidad obligó a reasignar los espacios, tiempos, formas de sociabilizar, juegos; y lo más importante a perder el contacto y el compartir con el otro, necesario para la construcción del aprendizaje en los primeros años de escolaridad.

El ciclo lectivo 2020 se caracterizó por la incertidumbre de cuándo regresaríamos a las aulas, al encuentro con los alumnos, garantizando su derecho a la educación de calidad, según la Ley Nacional N° 26.206 y la Provincial N° 6691, promotora de la equidad y facilitadora de la movilidad social. Pero con la esperanza de que, ante nuestra ausencia en las instituciones escolares, estas pudieran ser refaccionadas y acondicionadas para cumplir con los protocolos de salud necesarios, garantizando la protección de alumnos, docentes y familias; reivindicando la justicia social al permitir el acceso de todos a las aulas sin poner en riesgo la salud.

Por el contrario, las distancia entre discurso y la realidad hoy vuelve a ser abismal; hay un protocolo aprobado por el Consejo Federal de Educación, pero pocas son las escuelas privilegiadas de contar con los recursos necesarios para cumplirlas. En la actualidad las escuelas muestran el abandono del Estado, con respecto a las condiciones edilicias, hay postales que se repiten, pocos sanitarios y en mal estado, ventanas sin vidrios, falta de acceso al agua potable, entre otras. Así como tenerse en cuenta los protocolos a cumplir por las familias, el tener un barbijo adecuado, el uso de alcohol en gel, contar con todos los útiles necesarios y el acceso a internet ante la posibilidad del regreso a clases con una modalidad híbrida.

​Por eso, en caso de activarse el protocolo ¿las escuelas recibirán arcos sanitizantes, barbijos, alcohol en gel y elementos de limpieza suficientes para su matrícula?; o será que las familias y docentes deberán realizar beneficios para costearlos.

La vuelta a clases es necesario para una educación que favorezca la inclusión y la equidad de oportunidades para la vida y formarse como ciudadanos; pero quién garantiza que la vuelta a clase sin los recursos necesarios nos termine perjudicando, no sólo a los alumnos y docentes, sino también a las familias que están detrás.

Pero ante la incertidumbre sobre este nuevo ciclo lectivo 2021 ¿quién será el responsable de acercar la realidad de las instituciones chaqueñas a los discursos de las políticas educativas de los actuales gobernantes?.

MILITANTES Y DIRIGENTES J. R. CIRCUITO 15.
“UCR CONVERGENCIA SOCIAL”.