Corría el año 1988, estábamos por empezar el colegio secundario, nos conocíamos todos, ya que veníamos desde el jardín de infantes juntos, como pequeño pueblo que era San Bernardo. En ese entonces, se realizaba, en la Escuela de Nivel Secundario N 14 (hoy E.E.S 46), un cursillo de una semana para los ingresantes a primer año. Llegamos al colegio (el viejo colegio, por calle Sargento Cabral y esquina Ucrania) y nos acomodamos en los bancos, bastantes apretados porque éramos alrededor de 50 (fuimos la primera promoción, que por  cantidad, tuvieron que crear la segunda división). Cuando estaban por empezar a tomar asistencia, llegó un muchacho, bastante más alto que nosotros, morocho, y que ninguno conocía, se sentó al lado mío, me estrechó su mano: “soy Ricardo”.

Ricardo Mendoza nació el primero de enero de 1972 (aunque en su documento figura el 5 de febrero), en “Las Tolderías” (comunidad del pueblo Moqoit), de donde era oriunda su mamá. Queda a veinte kilómetros de la ciudad de Charata. Al poco tiempo de su nacimiento, se trasladaron a Comunidad Moqoit “138” (de donde era oriundo su papá).

Doña Catalina Gómez, su mamá, era ama de casa; don Pedro Mendoza, su papá, era obrajero, alambrador y postero, que por la destreza y rapidez de su hacha, era buscado, no solamente por gente de la zona, sino que también se lo llevaban a trabajar a la provincia de Santa Fe. Ricardo, con la cosmovisión ancestral de sus antepasados (sobrino – bisnieto del gran “Cacique Catán” Francisco Nolasco Mendoza), era curioso, quería ir un poco más allá de las actividades que se hacían en la comunidad, él quería estudiar. Terminó la primaria sin problemas, y luego quería hacer la secundaria. Perdió el primer año por falta de información, no sabía dónde preguntar, hasta que pudo conocer las opciones. Eligió San Bernardo. Los primeros días de la secundaria no fueron fáciles, no solo porque no conocía a los compañeros y docentes, eso era lo de menos; tenía que recorrer, en bicicleta, 40 kilómetros diarios (distancia de su casa hasta el colegio), luego de unas semanas, afortunadamente, se pudo quedar en lo de un familiar.

Sereno, callado, observador, buen arquero y componedor de sus amigos, cuando las energías y los nervios de la secundaría salían a querer imponerse.

Terminó sus estudios sin problemas; fue el primer integrante de la comunidad Moqoit en terminar la secundaria. Y Ricardo quería más… 

Como me dijo una vez “sabía que quería seguir estudiando, no tenía muchas opciones; quizás por eso, seguí adelante”.

Estudió y se recibió de Maestro, en el Instituto Normal Superior Sarmiento, en Resistencia, Chaco, entre los años 1994 – 1999. Se iba en febrero y volvía en diciembre a su casa, no había para venir un fin de semana largo, o en las vacaciones de julio.

Fue el primer integrante de la comunidad Moqoit que se recibió de maestro.

Su trayectoria en la docencia es amplia: trabajó en La Tigra, en varias escuelas rurales. Actualmente es docente titular en la escuela de la comunidad “El Pastoril”, además es rector de las carreras del Profesorado Bilingüe Intercultural Moqoit para Nivel Inicial y Primario.

Esfuerzo, constancia, lucha, resistencia, resiliencia. En estos tiempos de pandemia, de esperanzas lejanas, de horizontes oscuros; podemos y debemos buscar quienes están cerca de nosotros y han hecho de su vida un ejemplo de superación. Cuando te digan que es complicado, difícil, que no se puede. Preguntale a Ricardo, sí, a mi amigo Ricardo Mendoza.