El problema de los incendios forestales es un tema recurrente en nuestra provincia durante gran parte del año porque se dan determinadas condiciones climatológicas y socioculturales que atentan gravemente contra la biodiversidad que recubre vastos sectores de la superficie terrestre de la Argentina.

La realidad es que amenazas como estas provenientes de la naturaleza y el clima; también son generadas en la mayoría de los casos por la negligencia de las personas y por la propia voluntad e intencionalidad de los seres humanos.

En el primero de los casos, ocurre cuando por descuido se tiran fósforos, colillas de cigarrillos o latas y vidrios que pueden actuar como lupas y provocar incendios. También cuando quedan prendidos brasas de asados o fogones en lugares no permitidos o se queman restos de podas u otros materiales.

En el segundo caso, los montes y pastizales son víctimas de los incendios intencionales para liberar el suelo y avanzar con los negocios inmobiliarios.

Entre otras consecuencias negativas de los incendios forestales podemos mencionar las siguientes:

Se interrumpen los ciclos naturales del monte y desaparecen las especies nativas, mientras que proliferan las plantas invasoras. Aumentan los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, contribuyendo al efecto invernadero y al cambio climático. Generan cenizas y destruyen nutrientes. Erosionan el suelo, propiciando inundaciones y corrimientos de tierra o profundizando los efectos de la sequía. Se producen pérdidas económicas, materiales y humanas en muchos casos irreparables.

Más allá de la existencia de normas legales, se necesitan dos cosas: por un lado, conductas humanas para evitar que se produzcan este tipo de daños a causa del accionar negligente o intencional, a través de la educación y las campañas públicas de concientización ciudadana; por el otro, la voluntad y decisión política de las autoridades gubernamentales para instrumentar eficazmente los planes de manejo del fuego que permitan prioritariamente prevenir los incendios y en caso de que estos se produzcan, combatirlos de manera tal que se puedan evitar daños aún mayores.

Entre otras cosas, deberían destinarse más recursos en los presupuestos nacionales y provinciales para capacitar recursos humanos y proveer de equipamiento e infraestructura para los organismos encargados de enfrentar los incendios, coordinar la labor preventiva entre diferentes organismos y niveles de gobierno.