Cuando una persona muere, como cristiano, deseo que descanse en paz y que su familia y amigos, ese grupo cercano que verdaderamente lo siente y extraña, pueda tener pronta resignación.

El día que Menem asumió la presidencia, en el año 1989, yo tenía 14 años; cuando terminó su segundo mandato, el 10 de diciembre de 1999, tenía 24, así que, recuerdo bien esos diez años y cinco meses en lo que fue presidente.

Lo primero que hay que decir es que fue varias veces gobernador de su provincia, La Rioja, y presidente de la nación, siempre por voluntad popular (detalle no menor).
Intentó pacificar al país (según sus propias palabras) indultando a los jefes militares presos de la última dictadura, y a los jefes guerrilleros.

Cuando asumió, el país venía de un par de años con inflación creciente (con todo lo que eso significa), y estalló en la famosa “hiperinflación”, algo que continuó los dos primeros años de mandato, hasta el año 1991 que lanza, junto a su ministro de economía Domingo Cavallo, el plan de convertibilidad, atando al dólar al peso: un peso un dólar. Este plan, desde el principio trajo alivio en general, ya que, bajó la inflación y generó estabilidad en los precios.

Desde el inicio de su gestión comenzó a hablar de la ineficiencia de los servicios y empresas del estado en general (lo cual era cierto); e inició el proceso de privatizaciones (hay que recordar que Rodolfo Terragno Ministro de Obras Publicas de Alfonsín, había propuesto privatizar el 49% de las empresas estatales y que el estado se quede con el estratégico 51%, fue casi, literalmente; linchado un par de años antes). Con la complicidad de gran parte de los sindicatos (los mismos que luego eran y, al día de hoy, son más estatistas que el propio estado), logró que todas las empresas que eran de todos los argentinos pasen a manos privadas, la gran mayoría de manera escandalosa (como por ejemplo Aerolíneas Argentinas), los ferrocarriles (contradiciendo cualquier idea de producción – comunicación), entre otras; lo cual generó que la tasa de desempleo subiera de manera sostenida, condenando así a muchas familias a la pobreza, a pueblos enteros a convertirse, prácticamente, en fantasmas, o ser la sombra de lo que algún día fueron.

No se puede culpar, de manera directa, a un presidente porque en su país haya habido uno o más atentados, pero sí de que no haya hecho nada para que esos lamentables y trágicos sucesos se aclararan. Y durante la primera presidencia tuvimos varios: el atentado a la embajada de Israel, en el año 1992, donde murieron 22 personas y resultaron heridas 350; el atentado a la A.M.I.A (Asociación Mutual Israelita Argentina), en el año 1994, 85 muertos y más de 300 heridos. Estos dos atentados, a pesar del paso de los años, siguen sin esclarecerse, y mientras esto continúa, el manto de sospecha que la mano del estado estuvo cubriendo la verdad, es una de las deudas de la democracia argentina, primero para nosotros mismos, después para el mundo.

En la presidencia de Menem también comenzaron los hoy ya famosos “piquetes”; uno de los primeros muertos por la represión en uno de ellos, fue Víctor Choque, en la ciudad de Ushuaia, Tierra del Fuego, el 12 de abril de 1995.

Corría el mes de noviembre de ese mismo año 1995, Menem había sido reelecto ampliamente, con una diferencia considerable de votos (nosotros salimos terceros con la formula Massaccesi – Hernández), precisamente el día 3, se produjo el estallido – atentado de la Fábrica Militar de Armamentos en la ciudad de Río Tercero, provincia de Córdoba, donde murieron 7 personas y hubo más de 400 heridos. Se sabe que Menem estaba muy complicado en la causa por la venta ilegal de armas a Croacia y Ecuador; toda guerra es absurda, y el negocio de la venta de armas es uno de los más redituables del mundo, pero este negociado tenía el detalle no menor que las armas, en el caso de Ecuador, iban a hacer usadas contra Perú, más allá de que son dos países hermanos, los peruanos no solo nos dieron todo su apoyo diplomático en la guerra de Malvinas, además enviaron aviones y ofrecieron soldados . También rompió la histórica posición de Argentina, inaugurada por Irigoyen, de que el país se mantenga neutral, que la autodeterminación era lo que se aplicaba como política exterior (“Los hombres deben ser sagrados para los hombres y los pueblos para los pueblos”).
Estos tres atentados, aún sin aclarar, son, para mí, el saldo más terrible de los períodos en lo que Menem fue presidente.

En ese mismo año, 1995, también quiso privatizar las universidades (se hablaba de una arancel mensual que sería de entre 80 a 120 pesos – dólares). Todo el arco universitario defendió la gratuidad en la enseñanza, algo que se había logrado con la reforma universitaria del año 1918, agrupaciones estudiantiles (nosotros desde Franja Morada), profesores, rectores, decanos, personal no docente, salvo gran parte del peronismo (hubo personas que, de manera individual, acompañaron y es muy destacable recordarlos). Luego, los cuatro últimos años de su mandato se complicaron más, el plan de convertibilidad se derrumbaba, crisis económicas internacionales que nos afectaban, se dificultaba el financiamiento externo, casi todo estaba privatizado, el campo y todo el arco productivo destrozado, desocupación y más pobreza.

“Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa. Son esas mismas cosas que nos marginan, nos matan la memoria, nos quitan las ideas, nos queman las palabras” Litto Nebbia.