Días pasados el presidente de la nación, se refirió al mérito, luego del revuelo que causó inicialmente, aclaró, y como toda aclaración, no despejó las dudas, al contrario las potenció. Soy de una generación donde la mayoría de los padres no tenían el secundario terminado, y nos inculcaban, desde muy chicos, que la única manera de progresar era con estudio y con trabajo, fue así que, en la mayoría de los casos, se elegía, luego de terminar el secundario, una carrera terciaria o universitaria, o trabajar, no demasiadas vueltas, frases claras como “o estudias o trabajas”.

El mérito (que según el diccionario significa “Derecho a recibir reconocimiento por algo que uno ha hecho”), está en nuestras casas, en nuestra crianza, y tiene que estar en todos los órdenes de la vida, como manera de organizar lo que se hace, y, claramente, para que esto ocurra se deben dar varios elementos: el principio de igualdad lo da la educación (esa educación que, en tiempos de pandemia, aleja, aún más la brecha entre los estudiantes más pobres).

Algo nos tiene que acercar, en algo tenemos que coincidir, en algo tenemos que encontrarnos, lamentablemente, en este tema tampoco lo hacemos, y se sigue con la disgregación, antinomias, grieta, o el nombre que se le quiera poner.

Cuando arrancó la cuarentena, hace ya seis meses, todo parecía encarrilarse hacia la lucha conjunta de esta pandemia por el Covid-19, todos apoyábamos las medidas, el presidente, demostraba sus dotes de profesor y comparaba, con números y filminas, lo que ocurría en países como Chile o Suecia (nada menos); ante las comparaciones, yo decía que es lo peor que podemos hacer, porque sabemos las diferencias en la educación y en la cultura, y que era muy pronto.

De conferencias de prensas centrales, al famoso botón rojo, han pasado más de 180 días, analizar esto es, para el gobierno, ser anticuarentena, y, en el medio se han perdido vidas, siguen los contagios, la economía destrozada, sin plan, sin horizonte. Somos lo que hacemos, pero también somos lo que pensamos. Sin analizar, no se puede proyectar.

Durante el mes de agosto, para no ser pobre, una familia tipo de cuatro integrantes, necesitó 45.478 pesos; y para no ser indigente, 18.792 pesos.

A esto hay que sumarle, que, en una economía dolarizada como la nuestra, con el nuevo cepo al dólar, habrá más inflación, por el traslado de parte de ese porcentaje a los precios.

No hay demasiados elementos para el optimismo, muchos jóvenes que están estudiando se quieren ir del país. La avanzada contra la justicia para obtener impunidad, continúa, el presidente confirmó por decreto el desplazamiento de tres jueces claves de Comodoro Py.

El Covid- 19 que continúa su escalada, y como eso ocurre, el gobierno nacional lo corre de su agenda. La economía quebrada (ya se van perdiendo 400.000 puestos de trabajo).

Con todo esto: El País que fue ¿Será?