Escribir una nota todas las semanas, aun a riesgo de equivocarse, es una tarea sorprendente en nuestra actualidad argentina, de la abundancia de material, al tono con que uno elige contar, pasan cosas, generalmente complicadas, al menos desde el punto de vista de éste que está sentado aporreando el teclado.

Nuestra realidad es complicada, lo primero, y sin dudas, lo más doloroso son las consecuencias de la pandemia: las sanitarias (nos acercamos al tremendo número de 30.000 muertos y 1.100.000 contagiados); las económicas (más de 4.000.000 millones de puestos de trabajo perdidos, empresas, comercios y pymes fundidas). Hay que agregar las impericias de un gobierno que por error u omisión agravan de manera notable lo descripto. El dólar imparable, inflación alta, por ende un futuro próximo muy complejo y una etapa dura en la que seguimos cayendo y todavía no sabemos dónde está el piso.

La Justicia, con su complejo entramado, sumado a la andanada del gobierno nacional por colonizarla para la utilización de sus fines, con la idea de lograr la impunidad de la jefa.

Hay inventos e inventos: la creación de Nodio (Observatorio de la desinformación y la violencia simbólica en medios de prensa y plataformas digitales), en nombre de controlar a los medios para que, justamente, se ejercite la actividad desde la verdad y la libertad es muy cuestionable; por lo que controlar la libertad no puede traer, nunca, más libertad. Hay leyes que castigan si los medios de prensa se propasan o incurren en cualquiera de las tipologías especificadas en el ejercicio de la profesión. Todo avance en el principio precautorio de informar con libertad, suena a querer designar como espía a una persona o a un medio que no te gusta cómo te critica. No sé por qué un apellido aparece en mi memoria, Stalin.

Entre las tragedias que estamos padeciendo, la educativa pareciera ser la más silenciosa, pero, estoy seguro, será la de mayor impacto para el futuro en el mediano y largo plazo. La brecha digital, la no presencialidad de los alumnos (sobre todo los de primaria), nos lleva a asegurarnos un buen número de analfabetos en el sistema educativo.

En la semana que pasó, acá cerca, en el Uruguay, vimos como dos respetadas figuras políticas, ex presidentes, renunciaron a sus bancas en el Senado. Ambos discursos, el abrazo final y todos sus pares aplaudiendo de pie, fue el corolario a que alguien que ama y trabaja para fortalecer las instituciones puede aspirar. José “Pepe” Mujica y Julio María Sanguinetti fueron, son y serán, ejemplos de la ética democrática.