En tiempos de pandemia, con casi 70.000 compatriotas muertos, nada puede ser más difícil. El enrarecido clima que respiramos hace un buen tiempo, se mezcla con los despistes y torpezas, falta de visión y estrategia, para gestionar esta etapa. Un presidente jaqueado por “la interna de la interna” de su, justamente, propio gobierno.

No poder despedir a un subsecretario, es la muestra más contundente de esto, y esta situación claro está, no es gratis. Acomodar el discurso, y el cuerpo, pareciera, hasta el momento, que es lo que mejor le sale al Doctor Alberto Fernández. Un día se juntan a inaugurar casas (a las que le faltaba terminar de techar), y al otro envía al Ministro de Economía Guzmán a declarar todo lo contrario a lo que había hecho con las tarifas que le dictaron desde el Instituto Patria.

La gente se muere, se nos muere, por Covid- 19, desde el inicio de esta pandemia decía que no podemos compararnos con nadie por la sencilla razón de que cada país tiene sus características individuales y culturales que hacen que, esa comparación, solo sirva para confundir. Lo del vacunatorio vip realmente fue impactante, no solamente por lo sucedido, también por las declaraciones de los beneficiarios, como por el ejemplo las del procurador general del Tesoro, Carlos Zannini y la del, inefable, periodista Verbitsky; como una casta lejana e inalcanzable, ellos son los “esenciales”.

El proyecto de ley, enviado por el poder ejecutivo (demoraron más de un año para su tratamiento), en el lugar donde debe discutirse y resolverse, el Congreso, de Parámetros de Riesgo Epidemiológico y Sanitario, que es una copia del decreto que fijaba esas pautas, es una verdadera muestra de que la Constitución, y con ello las autonomías provinciales, están lejos de importarles al gobierno nacional.

No me voy a cansar de repetir que la Democracia, en todo momento, y más hoy, es consenso, para ello es urgente el diálogo, tenemos que ponernos de acuerdo en, al menos, algunos puntos básicos, es imprescindible ser franco, siempre hay fanáticos en todos lados, pero no hay que dejar de intentarlo. Claro que para que esto suceda quien gobierna debe dar el primer paso: que es convocar a todos los sectores. El segundo es cumplir lo acordado, parece lejano, utópico, pero es fundamental. Si los problemas políticos (en Democracia) no los soluciona la política, el abanico de conjeturas es amplio, y ninguna de ellas es buena.

Nuestro país se parece a uno de los personajes de una novela del gran Osvaldo Soriano; que añoraba el pasado, tenía posibilidades de avanzar, crecer, pero andaba “a dedo”, sin rumbo, esperando que el del auto importado, que había conocido de manera fortuita, lo lleve gratis, lo mantenga, mientras recorren el mundo y ven como logran hacer saltar la banca de un casino.

“La pobreza es general: falta de pan, de trabajo, de educación, y, sin dudas, de valores”.