Faltan pocos días para las elecciones. Y te van a querer dibujar una realidad, que vos la ves tal cual es, pero que desde el gobierno actual te dicen que es diferente. Estamos saliendo de a poco (ojalá continúe así) de una situación epidemiológica compleja. En el medio hubo de todo: vacunas que faltaban para ir a parar a un vacunatorio VIP, inversión en infraestructura hospitalaria para afrontar a la pandemia que luego se traduce en reconversión de servicios y de estructuras ya funcionales, con desborde de prestaciones médicas, cirugías suspendidas, pacientes que van y vienen de un lugar a otro sin tener respuestas ni soluciones.

El recurso sanitario llega a estas fechas agotado, frustrado, con licencias y derechos vulnerados. Sin ir más lejos, yo mismo me encuentro trabajando y sin embargo, «angaú» estoy de licencia, pero una licencia virtual nomás. Porqué? Porque hay déficit de recursos? Sí. Hay déficit de recursos pero porque hay mala gestión. El recurso humano médico se va en busca de mejores perspectivas salariales. Hoy por hoy, en un partido de fútbol de la Liga Chaqueña te pagan más que la hora guardia del Perrando, ni te digo si querés comparar con las horas guardias de otros servicios. Hay médicos que todos los fines de semanas, viajan miles de kilómetros para hacer guardias en Buenos Aires o Entre Ríos, porque obviamente le pagan mucho más. A veces te quieren correr con la vaina de la vocación. Obvio que se tiene vocación para trabajar en salud pública! Veo al personal de enfermería dando de comer a un enfermo en la boca, un poco más masticando por ellos, bañándoles, conteniéndoles, a pacientes que a veces ni los propios familiares quieren hacerse cargo, y les digo que lo hacen por vocación. Muchos de ellos precarizados hace años, trabajando todos los días, sin obra social ni aportes, con un salario que a veces me parece hasta simbólico, porque no me imagino cómo pueden vivir con ello. Sin embargo, te pintan que las cosas van bien, mejor no podemos estar, los suizos nos tienen envidia. Y no sé si lo dicen a propósito o en estado de ebriedad. Porque si lo dicen a propósito, se nos están riendo en la cara.

Soy docente universitario, y escucho a mis alumnos. La mayoría están estudiando algún idioma, pero no para formación personal. Estudian para rajarse del país. Y es triste que los jóvenes no vean futuro. Porque te pueden faltar muchas cosas, pero si perdiste las esperanzas, estás liquidado. Cuando uno pierde esperanzas en la recuperación de un paciente, ése paciente está muerto.
El panorama parece negro y sin salida. Y aún así, tengo un hilo de esperanza. Lo estuve viendo en estas últimas semanas, la gente está cansada y putea contra el gobierno y los políticos en general. Pero sería bueno que ese enojo y frustración se traduzca en un cambio en las urnas, que es la herramienta democrática para cambiar lo que uno cree que está funcionando mal. Si no es así, vamos a seguir revolcándonos en el barro de la miseria, viendo cómo los jóvenes, los que puedan, se van del país; y en una sociedad sin futuro, lo que gana es la violencia. Una violencia que empieza a despuntar, no sólo en los actos delictivos, sino en las situaciones más cotidianas. Por eso creo que es hora de que nos sinceremos y que hagamos un cambio real. Que no nos dejemos engañar con cambios light, votando a los mismos que gobiernan y te dicen «todo está bien», a los que buscan un cargo para zafar de algún proceso judicial, etc. Generemos un cambio real. No como el de aquel grito de hace 20 años, de «Que se vayan todos» y donde no se fue nadie. Donde todos se transformaron y se quedaron. Y hoy vivimos sus nefastas consecuencias.
Ojalá el 12 de septiembre, el pueblo chaqueño se ilumine y tenga el coraje de cambiar de una vez con la realidad engañosa que le quieren vender.