Rememoramos hoy un nuevo aniversario de la patria, sin embargo, nos volvemos a encontrar cautivos de un poder que limita la libre circulación, el crecimiento y la superación.

En estas fechas, vienen a mi memoria recuerdos de mi niñez. Los acostumbrados desfiles en la plaza central para festejar aquella alegría de comenzar a sentirnos nación. ¿Quién no disfrutó de estos actos públicos, que congregaban a la ciudadanía para entonar juntos las estrofas del Himno?
Tristemente, este año -por segundo consecutivo- no podremos disfrutar de estos tradicionales encuentros entre familias y conciudadanos, donde los niños y los más grandes, vestidos de trajes típicos, anunciaban “el sol del 25”. Esto, no sólo por la actual situación de pandemia, sino por la irresponsabilidad de quienes detentan los distintitos órdenes del poder Ejecutivo.

Sumado a todo, mi sobrina prepara, como tarea escolar, una lámina conmemorativa a la fecha. Entre las palabras elegidas, pueden leerse algunas frases como “rendirse, jamás”, “un despertar masivo”, “revolución, todos a la plaza”, “para comenzar a ser libres”. Llegado este punto pienso y me pregunto, ¿luego 211 años de aquel grito en el Cabildo, libres de qué y de quiénes?”.

El pueblo de la actual Argentina, vuelve a elevar su reclamo pidiendo “libertad” y no permisos para circular, trabajar, sanar, educarse, ¿acaso son escuchados? Vemos que no. Los gobernantes siguen viviendo en su mundo.

Hoy somos el quinto país con más casos positivos, el cuarto en muertes por millón de habitantes, volvemos a atravesar una nueva etapa de aislamiento total, sin visibles soluciones y, hace 14 meses, estamos jugando a las escondidas con los encierros, las vacunas y la economía.

Estas medidas, ¿de qué servirán? Si no se asumen los errores, difícilmente se puedan modificar las acciones y por ende cambiar el rumbo que nuestro país necesita.

El gobierno nacional está más preocupado en salvarse de los casos de corrupción que protagonizaron y en reformar el Ministerio Público, que en atender a quienes día a día mueven la economía del país.

Lamentablemente nuestro gobernador sigue el mismo ritmo, y el intendente resistenciano, nada opina.
Oídos sordos para el campo, el comercio, la industria, los empresarios, los emprendedores, que no pueden realizar su trabajo. Qué decir de los niños, adolescentes y jóvenes, que no pueden asistir a sus clases presenciales; ¿y las personas mayores? que ya sufrieron y continúan sufriendo las decisiones de un aislamiento que los deja desconcertados y olvidados.

Capitanich afirma que la oposición “ha tenido una actitud exageradamente irresponsable”, frase que habla más de él mismo que de la oposición. ¿Si dejaran de echar culpas y avanzaran con la compra de vacunas, con un adecuado plan, cumpliendo los plazos para las segundas dosis, con la garantía de una remuneración adecuada para los trabajadores de la salud? Estamos mal, esperemos no estar peor.